Otro amanecer cuando la ciudad todabía duerme. Enciendo el cigarrillo y preparo mi café. Entre humo y aromas, mi cuerpo y mi mente vuelven a fusionarse en uno solo. Los recuerdos de la noche me llevan a ti. Sentada en mi silla tomo el primer sorbo de café. Caliente.
Caliente como mi propio cuerpo al despertar esta mañana. Aún siento tus manos recorriendo toda mi piel, marcando con fuego el camino recorrido. Caliente como tus besos apasionados en mi boca y en mi sexo. Caliente como tu, deseando clavarte en mi interior.
Mi mirada se pierde en la espuma del café. Mi cuerpo empieza a despertar. Un escalofrio recorre mi espala. Siento la humedad aparecer en mi interior. Tomo otro sorbo de café. Fuerte.
Fuerte como tus manos cuando me agarran, presionando mis pechos, pellizcandome los pezones, enloqueciendome. Fuerte como la pasión que sentimos mientras nuestros cuerpos desnudos se abrazan y se agitan. Fuerte como los gritos que lanzo cuando haces que alcance el orgasmo, una vez y otra...
Tengo los ojos completamente cerrados. Desatando mi bata, la palma de mi mano se posa sobre mis pechos, sintiendo el palpitar del corazón. Todabía puedo sentir el frío de la mojada y fina arena de la playa, clavandose en mis rodillas mientras mi boca se comía tu erecto sexo, buscando solo satisfacer tu placer. Completamente mojada por esos recuerdos tomo otro sorbo de mi café. Intenso.
Intenso como el orgasmo que alcanzé en esa playa, sentada sobre ti, mordiendome los labios por no gritar y ajena al mundo exterior que podía verme. Intenso como el orgasmo que tu alcanzaste allí conmigo, derramando todo tu placer dentro de mi. Intenso como cada uno de nuestros encuentros.
Con las piernas abiertas y mi cabeza hechada hacia atrás, los dedos empapados por la esencia de mi propio ser calman con sus caricias mi exaltado clítoris. Vano recurso que provoca una excitación aún mayor en mi. Ya no puedo contener mi pasión. Como tampoco pude contenerla cuando, sometida a tus propios deseos, me sodomizaste una y otra vez. Llevandome al límite, en un clímax encadenado sin final.
Mi cuerpo te siente dentro de mi. Mis dedos metidos en mi sexo me derriten por dentro. Una fuente de placer sale de mi interior. Emanando flujos, es mi mano quien debe acallar mis propios gemidos.
Mas relajada tomo mi último sorbo de café. Amargo
Amargo como el despertar de la ciudad en un dia sin Alas. Amargo como el reloj que acelera el paso del tiempo cuando te tengo dentro de mi. Amargo como la cervecita que me gusta saborear junto a ti.
Tumbada en la arena y arropada en tus brazos, un pájaro de acero surca el aire majestuosamente. Extiendo mis alas y sigo su estela rumbo al sol. Volamos muy alto.



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